lunes, 11 de febrero de 2008

La doble jornada escolar enfrenta a los expertos

Desafíos en la educación. Plantean dudas sobre el real beneficio pedagógico

Para los padres que trabajan o que están ocupados durante todo el día, dejar a los hijos en el colegio a las 8 y buscarlos a las 17 es una ventaja indudable. Pero para los niños, ¿es positivo, desde la perspectiva pedagógica, que la jornada escolar sea doble? Un número significativo de especialistas consultados por LA NACION coinciden en que la extensión del tiempo escolar es una opción positiva y una necesidad: aseguran que hay una asociación directa entre el tiempo de exposición de aprendizaje y los logros educativos. Pero otros expertos. como el presidente de la Academia Nacional de Educación, Horacio Sanguinetti, sostienen que la extensión horaria es simplemente una comodidad de los padres y una necesidad impuesta por la situación socioeconómica, pero pedagógicamente es negativa y no produce aportes significativos en el aprendizaje. La extensión de la jornada escolar es una de las metas más ambiciosas de la ley de financiamiento educativo sancionada por el gobierno de Kirchner y recogida en la nueva ley de educación nacional. Según la primera de las normas, dentro de dos años el 30% de los alumnos deberá acceder a escuelas de jornada extendida o completa, un objetivo difícil de alcanzar, ya que implica una fuerte inversión en infraestructura escolar y plantel docente. Hoy en la Argentina apenas el 5,4% de los alumnos concurre a escuelas de doble escolaridad, según los últimos datos registrados por el Ministerio de Educación. La proporción varía en las distintas provincias -sólo nueve presentan una cobertura superior al 5%- y la ciudad de Buenos Aires, donde la mitad de los colegios son privados, es la única jurisdicción que supera apenas el 30% exigido por ley. Muchos especialistas sostienen que la alternativa de la jornada completa es una oportunidad única para repensar la organización de la escuela y plantear un nuevo tipo de enseñanza, que incluya contenidos artísticos, culturales y deportivos, entre otros, y períodos de juego y de descanso que se alternen con los del trabajo, para así evitar la saturación. Una nueva escuela "Cambiar lo que tenemos no es ir al revés de lo que ya se ha hecho. La realidad es que hoy el panorama escolar es distinto. En la vieja escuela quien enseñaba era el maestro. Hoy el chico aprende de todos lados y una gran fuente son sus mismos compañeros. Por eso es importante que los niños estén mucho tiempo en el aula y que la propuesta pedagógica sea buena", opinó la licenciada Inés Aguerrondo, consultora de la Unidad de Formación del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-Unesco) de Buenos Aires. La especialista destacó que en Europa la jornada diaria es en promedio de cinco horas y media en las escuelas primarias y de seis horas y media en los colegios secundarios, mientras que en la Argentina los números descienden a cuatro y cinco horas, respectivamente, lo que coloca al país con dos años menos de escuela luego de 12 años de escolaridad. "En varios países, las actividades extracurriculares son hoy incluidas dentro de la misma escuela", añadió. Para la ex ministra de Educación Susana Decibe, la intención de extender la jornada escolar es altamente positiva porque permite brindar un servicio educativo más completo y, en casos particulares, ayuda a evitar que los chicos estén en la calle. "En general las mejores experiencias educativas se dan en colegios organizados con jornadas completas y con enseñanza bilingüe. Lo importante es que en esta extensión horaria no se enseñe más de lo mismo, sino que se intente salir del círculo perverso de pobreza que reproduce pobreza", dijo Decibe. La ex funcionaria precisó que la alternativa es dotar la escuela de recursos profesionales, tecnológicos e instrumentales que atiendan las necesidades estructurales de ciertas poblaciones. Con ella coincidió el director del programa de educación del Cippec, Axel Rivas, para quien es fundamental extender los tiempos de clase, ya que hoy la escuela representa para muchos chicos un espacio de inclusión social y casi la única oportunidad de acceso a bienes culturales y posibilidades artísticas que de otra forma no tendrían. "Todos coinciden en que hay un momento de saturación pedagógica y en que los alumnos no soportan horas y horas haciendo trabajos académicos. Ese tiempo extra debería aprovecharse para crear nuevos espacios: deportivos, artísticos, culturales y, luego, nuevas tecnologías y una segunda lengua", señaló Rivas. También para la vicedirectora de la escuela normal N° 11 de Parque Patricios, Marta Cao, la saturación pedagógica de los alumnos se evita cuando los períodos de trabajo se alternan con el juego. "Las condiciones sociales actuales no permiten que los padres acompañen el trabajo de sus hijos ni que se haga un seguimiento. Por eso la doble jornada es una buena opción y debe ser entendida como mayor horario de estudio con seguimiento y no como dos turnos completos", reflexionó la docente. Este es el caso de Mariana Salgueiro, que manda a su hijo de 9 años a un colegio que es de doble escolaridad cuatro veces a la semana. "Creo que depende de cada chico. No todos aguantan la doble jornada. A mi hijo le gusta y allí hace la tarea. Para mí es más fácil, porque si no debería estar corriendo detrás de él", contó la madre. Y añadió que este año, en la tarde libre, su hijo hará natación. "Quise que hiciera algo físico o artístico en ese tiempo y no algo intelectual, justamente para que no sintiera ninguna presión".

Por Nathalie Kantt
De la Redacción de LA NACION